La fiesta.


Crea fama y échate a dormir, dice el refrán. Mi famita de fiestera no se ha desvanecido a pesar de haber estado fuera del ambiente puteril un par de años. Y sí, me encanta el desmadre a más no poder, pero ya más tranquila la cosa, más bohemio el asunto; aunque cada que digo “algo tranqui”  (como todos) la party termina en alocadas aventuras dignas de escribirlas, algunas vergonzosas, otras graciosas y muchas más deliciosas.

Un viernes cualquiera, muy ajetreado, de revolcón en revolcón, recibo un WhatsApp algo diferente: una invitación a una fiesta, creí que era alguna broma de algún chaqueto sin que hacer, puesto que la fiesta era organizada por una chica muy famosa, no creí ser invitada y supuse que a lo mejor me querían chamaquear. Así que no le di mayor importancia y seguí con la ardua faena del día. 

Pero la curiosidad mato al gato, decidí contestar el whats, me respondieron amablemente, me dieron los detalles de cómo estaría el asunto. Pero tuve una emergencia y tuve que ir a apagar el fuego… jaja… Aun ya con la información, seguía dudando además que ya era tarde, pero entro una llamada a mi cel. Era la famosísima Valeria Martell, de viva voz, diciéndome que fuera al V Boutique que aún estaba ambientada la cosa. Como había sido un día movido, no había planes para esa noche y mi cuerpo sabía que era viernes… jajá… Decidí darme una vuelta y bueno ya no había dudas, esa noche sería de destrampe total.

Me enfundé en un  vestido negro de en encaje, me puse los tacones, tome el uber y me dirigí al Sur. Llegué y me recibió la guaperrima Valeria, nos presentamos, y me comentó de un chico que se había pasado cogiendo toda la noche y quería más, yo ni tarde ni perezosa no me perdería la oportunidad, me presenté con todos y traté de adivinar quién era el congelón no tardé mucho en identificarlo. 

Ese día no quería beber (según yo) pues traía la hipocondría a todo lo que daba, así que con lo desparpajada que soy empecé a platicar sobre mis enfermedades imaginarias y los medicamentos que estaba tomando, empezamos a bromear y reírnos de mis peripecias y locuras con doctores y hospitales; y de pronto ya me estaba echando un trago al lado del chico congelón y  todavía más de pronto ya nos estábamos besando enfrascados en un tremendo fajoteo, nos fuimos a un lugar más privado y le dimos rienda suelta a la pasión. 

No dejábamos de comernos la boca los besos eran intensos, la ropa salió volando y la calentura nos dio el camino  a los orgasmos. Su boca se apoderó de mis tetas (ah como me encanta eso), se quedó un buen rato succionándolas como bebé  hambriento y yo por supuesto empapadísima, ya quería ser poseída y empalada… jajaja… Pero dejo las bubis y también se dirigió al sur, bajó y bajó, se encontró con mi clítoris y con maestría lo recorrió...me saco el primer orgasmo. Después de eso a él le tocó, mi boca se comió todo su miembro sumamente erecto. Lo saco, le puse el condón y me penetró, los movimientos frenéticos me hicieron acabar de nuevo, el también ya estaba a punto y sin más sentí los latidos de su pene y su descarga caliente.

 Le di un beso, le agradecí los orgasmos y después de esa sesión cachondisima, me duché, me retoqué el maquillaje y me dispuse a seguir disfrutando, la noche era joven y en esa fiesta todo estaba rico. Me fui a la barra, y me puse a charlar con el… le llamaremos barman, coach y psicólogo, pues tuvo la paciencia para escuchar toda mi verborrea y además de buena mano para servir los tragos. Entre plática y plática salió que conocía a unos de mis amigos más fiesteros, le echamos tijera a más no poder, pero esa es otra historia, y al chisme se nos unió Valeria que ya había despedido a los invitados, ella estaba como yo al principio, decía que no pero acabamos tomando, ella tequila y yo whisky, nos fuimos ambientado, agarramos confianza y acabamos conociéndonos más a fondo… encuerados en la alberca. Aquello se iba a descontrolar.

 Seguimos echando relajo, yo con mi habladera (síntoma de que ya estaba happy), fui callada por Val con un beso, no sin antes notar (aún con mi borrachez) que se acercaba peligrosamente a mis bubis. Y bueno no podía esperar menos de una sex experta, así se calla a una mujer… Metiéndole la lengua en la boca… y en otras partes. La cosa se puso más interesante cuando el barman se nos unió. Y sí, aquello se descontrolo y fue sensacional.

 Los tres nos lamimos, besamos y acariciamos. Era el cumple del barman y le dimos su regalo. Pasamos a la cama totalmente empapados de todas partes, Val me chupó la cosita y el barman la penetró ¡uff! aquello era la gloria, estuve a punto de venirme en su boca pero me contuve. Cambiamos de posición y Val se la chupo al barman y yo a ella. Se montó en aquel miembro hiperduro y aprovechando yo me monté en su boca, ahora si no aguanté y exploté. Si ya estaba mojada, con eso ya estaba encharcada, después de eso ya estaba yo disfrutando de aquella rica verga, el chico tuvo que seguir usando su lengua con Valeria. No conté mis orgasmos y los de los demás menos,  pero supongo que fueron varios.

 El primero que pidió tregua fue el barman, muy justificado, pues había dado una buena batalla. Así que lo dejamos descansar. La segunda fui yo, la verdad de tanto orgasmo me latía fuertemente la puchi y la tenía muy sensible, también pedí paz. Así que ahí se rompió una taza y cada quien se fue con sus orgasmos a su casa… bien feliz… jajaja… A pesar de la hora me di una manita de gato, pues no quería ir por el mundo cogida y desgrañada… jajaja...

Y yo que tenía mis dudas y salí totalmente cogida y orgasmeada. Estas son las aventuras de fiesta que son dignas de contar. Así que para la próxima loving secret party a la que fui cordialmente invitada es muy seguro que haya otras peripecias que voy a contar y disfrutar. Y si, ese “algo tranqui” ya nadie no los cree y siempre será una utopía para todos a los que nos encanta el desmadre.

Mil y un besos.



La fiesta.

Crea fama y échate a dormir, dice el refrán. Mi famita de fiestera no se ha desvanecido a pesar de haber estado fuera del ambiente puter...