La fiesta.


Crea fama y échate a dormir, dice el refrán. Mi famita de fiestera no se ha desvanecido a pesar de haber estado fuera del ambiente puteril un par de años. Y sí, me encanta el desmadre a más no poder, pero ya más tranquila la cosa, más bohemio el asunto; aunque cada que digo “algo tranqui”  (como todos) la party termina en alocadas aventuras dignas de escribirlas, algunas vergonzosas, otras graciosas y muchas más deliciosas.

Esa mujer.

No soy esa mujer
que tendrá lista la cena.
No soy esa mujer
que según los estándares
valga la pena.
 
No soy esa mujer
Que elogiará a tus invitados.
Ni la que se consuele
con helados.
 
No soy esa mujer
Que presentarás a tu familia,
porque soy un mal ser
según  los moralinos
que no saben de placer.
 
No soy esa mujer guerrera y luchona,
que aparenta lo que no es.
Soy esa mujer que no te desilusiona
cuando sin maquillaje la ves.
 
Soy esa mujer que aunque se venda
tiene muchos sueños e ilusiones,
esa mujer que no se escuda en bendiciones.
 
Soy esa mujer
a la que no le importa tu opinión.
Esa que está orgullosa
de su indecente profesión.
 
Esa mujer que tiene más corazón
que tus amigos que viven en represión.
Esa que no siempre tiene la razón
pero no se callará su opinión.
 
Soy esa mujer libre y apasionada,
que te sacará risas de la nada.
Que a veces es reservada
y otras te contará su vida desparpajada.
A veces complicada
pero siempre afortunada.
 
Soy esa mujer que vive la vida
con frenesí y entusiasmo,
y que cuando tiene sexo
siempre  alcanzará un orgasmo.
 

Pudo ser perfecto.



 
Después de tener una rica sesión sexual, el clientecito con el que había retozado, me preguntó qué tan bueno había sido, me atreví a contestarle que tal vez era el segundo que mejor me lo había hecho (tal vez exageré un poco), tuve varios orgasmos, el ritmo y tiempo estuvieron súper bien, pues casi toda la hora estuvimos poniéndole sin que yo me secara y sin que él se viniera inesperadamente.

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Tras una ardua jornada laboral a veces llego a casa muy caliente y me doy cariño. Sí, no conforme con las arre-metidas que me dan, voy y me arre-meto yo solita. Y sí, a veces me quedo con ganas y es que no vendo chicles; tener la cogedera como profesión hace que muchas veces se alteren mis hormonas al 1000%. La carne es débil, soy humana y me caliento.

Soy escort

 
Mi nombre “artístico” es Samanta Mar soy un chica normal con una profesión no tan normal. Me dedico al sexo servicio o al escort service (para que se lea bonito). Me anuncio en Internet, no estoy en las calles, soy acompañante de alto standing y solo me pueden contactar por WhatsApp. Dedicarme a la prostitución VIP no me define como persona pero abarca gran parte de mi vida y a veces la condiciona un poco, me ha dado muchas satisfacciones y grandes decepciones, me ha abierto y cerrado puertas.

Multiorgasmia



Puso su boca en mis labios (de abajo) y me deje llevar. Siempre lo hago, cuando hay un cliente dispuesto a darme placer no me hago del rogar. Esta cita fue diferente, el chico me pidió que llevara medias negras y tacones altos y así lo hice. Cuando me quité la ropa me dijo que me veía hermosa, solo sonreí, me sonrojé y comenzamos con los besos. Me llevó a la cama y recorrió cada centímetro de mi cuerpo con caricias y besos, los tacones y las medias volaron, puso especial atención a mis pies, lamió y chupó cada uno de mis deditos. De ahí se desvió a mi entrepierna, mi corazón se aceleró y mi piel se erizó.

La chica del bus 2a. Parte... La locura.



Seguimos dándole rienda suelta a la pasión, no dejábamos de besarnos, desnudas todo se hacía más fácil y delicioso. Mis manos resbalaban por su humedad y los besos iban para todos lados, los gemidos salían sin control. Al bajar puse mi boca entre sus piernas y no me fue difícil sacarle el primer orgasmo. 

La fiesta.

Crea fama y échate a dormir, dice el refrán. Mi famita de fiestera no se ha desvanecido a pesar de haber estado fuera del ambiente puter...